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Praga (la kafkiana ida al cine)

Por Alex

Kafka nació aquí, lo que sirve de excusa más que ideal para argumentar un espíritu que hoy se impregna de existencialista, y sin aspirar a escribir como él (o como Dostoievsky, o Nietzsche, o Sartre o hasta Faulkner, y ya no me acuerdo de quiénes más son representativos del género) o a filosofar en esta temática (Kierkegaard lo hizo por todos nosotros), les puedo confesar que mi adicción al cine llegó a niveles quizá cuestionables, y ahora puedo hasta "defender" la idea de que lo fundamental es la existencia de cada uno, y entender esa idea de "aislamiento de lo colectivo" y la "angustia vital"...

Permítanme explicarme: ¡no pude evitar la tentación de ver Final Fantasy aquí! (pues en España no se había estrenado) Y por poco y pago caro el atrevimiento, pues fui a un complejo cinematográfico de primer mundo (Village Cinemas, de la productora que nos trajo The Matrix, por mencionar alguna cinta) que se encuentra en uno de los extremos del metro (literalmente hablando, se llega a la última estación antes de una caminata adicional para llegar) y obviamente que al salir del círculo turístico que representa el centro de esta hermosa ciudad, uno está solo al momento de enfrentar no sólo la barrera idiomática (es decir, por favor díganme qué debe decirse en una lengua en la que "sí" se dice "ano", por mencionar algún rasgo jocoso) sino la barrera colectiva (de donde sale parte de la esencia existencialista de este escrito).

Les comparto mi experiencia: el viaje en metro fue muy grato (se comprueba la teoría de que las mujeres son hermosas más allá de los linderos turísticos, lo que hace muy agradable el viaje, ja ja ja), la caminada es relativamente clara pues las señales hacia el cine son bastante obvias (es un suburbio donde sólo se ve un centro comercial a lo lejos), y al llegar a la plaza, uno puede entrar a los cines, cosa que hice sin problemas; hasta aquí todo iba en orden.... Obviamente que era demasiado bueno para ser continuo, y aquí empezaron algunos inconvenientes: batallé como un loco para que me explicasen si se trataba de una cinta en versión original (temor fundado en el hecho de que en Barcelona algunas veces hay que lidiar con el cine doblado), o si se doblaba, tratando de imaginar cómo se diría subtítulo (o doblaje, o película, o idioma, :)...) en checo, y después de un diagrama en un papelito y miles de intentos por explicarle de qué hablaba (digamos que el inglés general más allá de los límites del turismo es tan limitado como mi checo), logré que la amable vendedora de boletos me diese uno (¡numerado! pero en muy buen lugar después de todo) y yo me enfrentase al hecho de que no tenía idea de si la cinta sería en checo o no, pues obviamente no logramos entendernos, lo que me dejaba más que solo ante ese temor de no poder entender ni pío.

La oportunidad de comprar una cerveza en vez de un refresco para meterme a la sala me obligó a sonreír (y a comprar la cerveza, obviamente), y ahí tuve el problema número dos: en los restaurantes del centro los meseros hablan o mastican el inglés o el italiano, de modo que uno puede darse a entender, junto con el menú, pero en los cines de los suburbios (por más Village que sean) no sucede así, y lo que asumo fue una pregunta simple como "tamaño?" o "clara/oscura" se convirtió en unos diez minutos de explicaciones, transacciones comerciales sencillas (es decir, uno da un billete y confía en que el cambio es el correcto, pues obviamente que la cantidad en checo no se comprende nada), una conversación basada en señas mías ("no, ese no, el otro, ese mero" y "no, la oscura no, la clara me gusta más") y en el checo del vendedor (que asumo me decía cosas como "joder, explícate!" pues su tono no era el más grato), y en el hecho de que para ese momento no estaba seguro de que quería palomitas, pues no me atrevía a preguntar si había un combo con palomitas y cerveza (es decir, uno puede ver las fotos, pero de eso a entender las letras y relacionarlas con el precio hay mucha diferencia) y opté por meterme a la sala, donde debía buscar el sitio seleccionado por la de los boletos (ya que obviamente no supe ni si me había preguntado sobre el lugar deseado) y aunque no era en la ubicación geométrica ideal (ligeramente a la izquierda, en una buena altura de una sala tipo estadio), mis compañeros de fila eran un grupo de cinéfilos (y hermosas cinéfilas) que sí hablaba un poco de inglés, y que además de matar los temores iniciales (en efecto, era versión original con subtítulos en checo) se encargaron de generar nuevos temores: la película terminaba muy tarde, y al mencionar que había llegado en metro, me dijeron que no sabían si alcanzaría el último tren de regreso (!!!!!!!!!)... Para quienes no me siguen, les expongo el problema existencialista número tres: no sé a ustedes, pero la idea de no tener idea de dónde estaba (la estación del metro era todo lo que sabía) y de preguntar con señas (pues estos cinéfilos tampoco sabían la ruta) sobre la dirección para encontrar un autobús nocturno o un taxi (pésima opción si eres turista, ya que te cobran lo que deseen al verte extranjero) no se antojaba como ideal, de modo que tenía la sana opción de salirme del cine en ese momento (pues obviamente que no saldría una vez iniciada la cinta, me conozco) para regresar a la ciudad y su centro, o confiar en lo que ocurriría después y confiar en que la teoría de que la angustia vital no dura para siempre y que no debía temer a la colectividad de caminar y vagar muchas horas para un probable regreso...

Me conocen: obvio que me quedé, vi la publicidad en checo (¿hay alguien que no disfrute de ver comerciales en otros idiomas?), los trailers, y disfruté del render y del Maya de la película, dejando a Kafka y los temores de lado, hasta nuevo aviso, y al salir, caminé solo (aunque ese kafkiano aislamiento de lo colectivo no me servía de consuelo ni de recurso idiomático) hacia el metro, con la buena fortuna de alcanzar el último tren (como era un extremo del metro en verdad había que llegar con sincronía) de modo que no tuve que ponerme a llorar en aquel suburbio al tiempo que buscaba el bus nocturno y algún intérprete que hablase inglés, y me limité a sonreír en mi interior, pues a pesar de saberme relativamente aislado (por no saber decir mucho más que "cerveza", "sí" y "no") mi adicción al cine no fue -por poco- causa de problemas, y sirvió como recurso para matar algo de tiempo en espera de que los lugares de jazz abrieran y yo pudiese experimentar alguna otra marca de la maravillosa pivo de Bohemia, y me dispusiese a una noche bohemia (nunca mejor empleado el término, me parece) como mi "Fantasía Final" para una tarde/noche que había tenido cierta dosis de preocupación, y que cerraría con jazz vocal memorable...

Si la existencia es lo fundamental de cada uno, este día ha sido evidencia de que en efecto existir y ser es importante, y yo agradezco la oportunidad de existir, ser, estar, y ser yo y no otro, y también la sincronía en el metro, los subtítulos checos, la maravillosa pivo/cerveza, y la grata compañía que uno puede encontrar en un agujero de jazz que le quitaría la tristeza a cualquiera...

Saludos,

Comentarios para esta adicta y existencialista columna...


Praga, Agosto 2001 

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