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En realidad vamos al cine porque queremos que nos cuenten una historia.
 
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De discursos pasados e ideas vigentes
Un ensayo y la nostalgia

Por Alex

Continuando con esta aún amorfa columna, hoy comparto un discurso que alguna vez tuve que presentar y que cambió muchas cosas en mí, de una manera u otra... No, no es nostalgia, sólo es información relacionada con mis puntos de vista. Saludos, y espero comentarios al respecto...

» Entre nosotros los jóvenes el ir al cine es una actividad común, y puede decirse que todas las personas vamos en algún momento de nuestras vidas a ver una película. Comúnmente, el ir al cine no es una actividad que se cuestione o que se analice pero, ¿se han preguntado alguna vez por qué vamos realmente al cine?. La respuesta no es sencilla, ya que en realidad vamos al cine porque queremos que nos cuenten una historia, una historia en la que consciente o inconscientemente participamos. Una historia en la que buscamos algo de nosotros mismos, en la que buscamos llenar algo en nuestro interior. Es precisamente de ésto de lo que hoy quiero hablarles. Probablemente, habemos quienes podríamos decir que vamos al cine por ver a un director o a un actor determinados, o que sencillamente vamos al cine por el cine mismo, pero ésto sólo es consecuencia de esa necesidad de que nos cuenten una historia. La historia que queremos que nos cuenten no es necesariamente real o verosímil, ya que lo que buscamos al ver una película es simplemente transportarnos, adentrarnos en una historia en la que podemos identificarnos con un personaje o con las situaciones que se van presentando. Gracias a esta identificación podemos "vivir" situaciones que tal vez no sucederán nunca en nuestra vida diaria; podemos viajar, podemos realizar proezas, podemos ser el héroe o la heroína, el personaje fuerte o el débil, podemos besar a la actriz, podemos ver a un personaje haciendo lo que nosotros creemos que haríamos en la misma situación.

Por todo esto nos gusta ver películas, porque podemos vivir una realidad que no nos corresponde y que tal vez nos hubiera gustado vivir, o una realidad que simplemente gozamos "viviendo" el tiempo que dura la película. Esta realidad simultánea en la que existimos al ver la película y en la que existimos, de alguna forma, dentro de la película, se debe a que necesitamos llenar en nuestro interior algo que nos hace falta, o a que necesitamos de alguna forma canalizar ciertas emociones. En cualquier caso, el cine es un recurso que nos permite llenar esa carencia, o evadir por un momento nuestra realidad fuera del cine, o que nos ayuda a externar emociones que tal vez no sabemos que existen. Un ejemplo interesante de esto último se da cuando logramos sentir amor u odio ante un personaje, o cuando sin darnos cuentas nos encontramos apoyando a quienes normalmente no apoyaríamos, como cuando de repente nos da gusto que los "malos" triunfen, o cuando nos identificamos con el personaje "siniestro", o cuando queremos ver a alguien sufriendo, por cualquier razón, dentro de la película.

En nuestro interior se albergan muchas emociones e ideas, algunas de ellas opuestas y ocultas, y la historia nos permite externarlas de una forma que no nos daña y que no daña a otros; este proceso puede darse sin que nos demos cuenta de que está sucediendo, pero sí sucede. Walt Disney escribió alguna - refiriéndose al medio cinematográfico - que "en ningún otro sitio se ponía tanto empeño en dar al público lo que éste quiere"; tomando en cuenta lo que he dicho, y mi actitud muy personal ante el cine y la magia que envuelve, sólo puedo decir que tenía mucha razón, y puedo añadir que vamos al cine porque queremos que nos den algo, en cualquier forma, en cualquier cinta.«

Esta columna se publicó en el periódico "En Común" del ITESM CCM.

Comentarios para el que hoy se sintió nostálgico
y presentó su versión del mundo del celuloide...


Ciudad de México, Enero 1998 

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