...la única columna de cine donde los críticos no estamos amargados
Una de esas que se disfruta sin culpas si no se compara con la obra que le inspira, y si no se busca un apego estricto a la Historia, sino un tono épico de estilo Hollywood con aire de superproducción y los excesos que ello conlleva. ![]() Newsletter
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Estás en: home » películas » película Troya Troya (Troy, EUA/Reino Unido/Malta, 2004)
Por Alex Épica Griega en versión libre
¿La causa? El eterno conflicto de la historia épica al estilo Hollywood, y la Historia, esa con mayúscula, aún si es de mera inspiración Homérica. Y es que para hacer cualquier análisis objetivo, hay que observar dos planos y lecturas opuestos: si se aspira a ver una versión filmada de La Iliada, el texto Homérico en el que se inspira la cinta, no hay forma de que esta película salga bien librada: el poema épico es muy complejo e imposible de filmarse en una sola cinta (y de una envergadura tal que al día de hoy sólo un loco como Peter Jackson podría volver algo digno), con lo que siempre es mejor optar por la segunda lectura, la lectura ‘simple’ de quien desea ver una película de héroes y batallas, de barcos y de guerra, de ejércitos y sangre, con efectos y vestuario llamativo. En este sentido, gustará casi a todo el mundo, y si no entramos en detalles puristas, se trata de una historia que atrapa, y un logro aceptable, con reparto estelar donde (casi todos) salen bien librados. Esta versión (muy libre) de La Iliada, deja de lado la componente mitológica de la obra (la ausencia de los dioses la sitúa en el contexto histórico y épico, no en el Homérico), y nos presenta un mundo de ardides emocionales donde la guerra es política, el amor existe, y la nobleza obliga y determina la suerte de aquellos que quieren el digno título de ‘héroe’. La guerra es siempre por dinero, por poder o por gloria, pero, en este caso, el principio básico y motor de todo es, en teoría, el amor. El amor y el deseo de un joven y hormonal príncipe Paris, de Troya, que seduce (y no rapta, una licencia extrema si me lo preguntan) a Helena, la reina de Esparta y esposa de Menelao, iniciando una guerra tremenda (en el poema Homérico 10 años, en la cinta, pocos días), que aspira a recobrar el honor, ganar o perder el amor, y conquistar lo inconquistable. El duelo lleva a Menelao a recuperar a su esposa y honor, acompañado de su hermano Agamenón, cuyo interés y deseo se opone a las causas de un indómito Aquiles, un héroe que lucha por la grandeza de su nombre y no termina de apoyarle a pesar de luchar de su lado. El combate es contra el reino de Troya, con el rey Príamo y su príncipe guerrero Héctor, un noble y valiente hombre, el único capaz de compararse al invencible Aquiles, obligados por los actos de Paris. La realización en general es lo que se puede esperar de un presupuesto multimillonario: excesos y lujos visuales (como la toma CGI de las naves que surcan el Egeo rumbo a Troya, con un ejército de dimensiones colosales, por decir lo menos), vestuario muy trabajado (una delicia observar desde las sandalias hasta escudos de diseño muy original), y locaciones (rodaje en México y Malta) que mezclan los efectos visuales simulados con trabajo artístico real para lograr un conjunto que en ocasiones luce mucho y en otras sólo basta para convencernos. Como adaptación, las licencias son tantas que simplemente basta tomar una noción de ‘inspirada en...’, pues la historia se arma a partir de elementos del original, pero con variantes como la situación y el rol de la enamorada de Aquiles, Briseida (que en La Iliada es la que causa la cólera inicial del héroe), el rapto de Helena previo al texto, la cuestión de los dioses omitida, el duelo de Héctor y Patroclo, etc. , etc. Sobre esto de la adaptación, uno de los temores que tenía al entrar a la sala era sobre la forma de mostrar el caballo legendario que determina el destino de la ciudad del título, y puedo afirmar que mis temores eran infundados: ¡es justo como lo imaginé desde niño!, y, salvo por los festejos -bastante contemporáneos-, la situación del caballo de madera está bien manejada por un director que, toda verdad sea dicha, dependió más de un guión y un reparto que de sus dotes, ya que se trata de tantos personajes y situaciones que el montaje y el guión son más apoyo que la cámara, una cámara dinámica que de cualquier modo destaca en las batallas y nos ofrece combates cuerpo a cuerpo, sangre, batallas bien logradas, fuego, noche, caballos y flechas. Una delicia épica en este contexto. Sobre el reparto, tengo mis opiniones divididas: Brad Pitt es, sin lugar a dudas, uno de los tres baluartes de la historia, siendo Eric Bana el segundo, y Peter O’Toole el tercero. Pitt luce y convence, opacado quizás sólo por Bana, un soberbio ejemplo de humildad y de fortaleza (y dejando la duda de quién hubiera brillado más si hubiera más planos comunes en la filmación), y destaca en extremo el papel de O’Toole, uno de esos que seguro le nominará a varios premios. El diálogo de Aquiles y Príamo es un momento memorable en más de un sentido: el diálogo y narración son espléndidos, y el tono de ambos personajes es magistral. El resto de secundarios está más que correcto en su rol, y destacan todos, Brian Cox, Sean Bean, y Brendan Gleeson siendo obvias luminarias de este elenco. Sin embargo, hay también el otro lado de la moneda, y lo que no llego a entender del todo es el casting de los dos que provocan la guerra: Orlando Bloom y Diane Kruger no están a la altura que se esperaría. Me explico, y comienzo (como buen caballero) por la dama: si Helena es una belleza tremenda, entiendo el hecho de poner a una hermosa mujer (y sí, es muy hermosa), pero al menos mi noción de belleza milenaria y afamada hubiera tenido otro rostro, uno de ensueño, uno de esos que dejara boquiabiertos a la gran mayoría, lo que no creo que sea el caso. Sobre Paris, no sé cómo expresarlo sin sonar devastador: cualquier actor hubiera bastado..., es decir, cualquiera menos Bloom, quien seguro que a sus fans convencerá de ser ‘hermoso’ y todo lo que quieran, pero que ofrece un papel malísimo, una especie de caricatura, y un rostro... bueno, creo que basta ver ese bigote (ridículo) para comprender a qué me refiero al afirmar que no es el rostro de un príncipe. De duración algo extensa (aún cuando no resulta cansada), la película cuenta con uno de los aciertos al evitar el cliché épico de asociar una banda sonora demasiado poderosa, y aún cuando yo hubiera preferido algo más audaz, tiene sus buenos momentos. En términos de audio, destaca la majestuosa selección de percusiones simples para la batalla entre Héctor y Aquiles, un destacado peso a lo visual y a la carga emotiva que precede al duelo de los héroes. De lo más destacado, tengo que mencionar también el estilo de pelea de Aquiles: un salto (de león) y estocada tremenda, que dará de qué hablar. Sobre el título, ya lo dice el final de la cinta, se trata de los tiempos de Héctor y Aquiles. Troya es la locación y el pretexto, pues la película bien pudo haber sido titulada ‘Héctor y Aquiles’, o simplemente ‘Aquiles’, como lo más destacado de la historia narrada... Una de esas que se disfruta sin culpas si no se compara con la obra que le inspira, y si no se busca un apego estricto a la Historia, sino un tono épico de estilo Hollywood con aire de superproducción y los excesos que ello conlleva. Comentarios para esta columna que tiene su talón de Aquiles muy expuesto... Barcelona, 14 Mayo 2004
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