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Aceptable pero, al mismo tiempo, una de esas que deja con ganas de más... ![]() Newsletter
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Estás en: home » películas » película Memorias de una Geisha Memorias de una Geisha (Memoirs of a Geisha, EUA, 2005)
Por Alex Una Geisha que merece más...
Me gustaría decir que sumando todo lo anterior sólo podría tratarse de un éxito, pero tengo que reconocer que -aún cuando la cinta vale el costo de la entrada- algo faltó. Memorias de una Geisha se quedó corta de ese toque de magia que convierte a una cinta buena en un clásico, en una historia de amor digna de verse de nuevo, de convertirse en ejemplo. Después de todo, amores fílmicos clásicos de cine y novela, como Casablanca, Lo que el viento se llevó o Dr. Zhivago, transcurren en guerras también, con lo que ya había precedentes y un colectivo cuyo imaginario estaba listo para sacar los pañuelos desechables y para admirar la sensibilidad de una bailarina –una artista- en su ritual. Rob Marshall, director de la ganadora Chicago, se enfrentó a un reto artístico donde podía sentirse en libertad absoluta: arte, danza, magia, color. Todo está ahí, pero sin estar. Quizá la sensibilidad real de Occidente no puede ser narrada por un ojo ajeno, o quizá tanto preciosismo distrae, pero la cinta termina por pasar sin atrapar, y queda relegada a un margen de estética que no convence más, aún cuando tenía las bases para ser un suceso. El casting de actrices no-japonesas conmocionó desde el inicio: Ziyi Zhang y Michelle Yeoh son china y malaya, respectivamente, pero la verdad es que la audiencia occidental –a la que se dirige este filme- no nota las diferencias que esto puede representar, y en términos generales no hay mucho que objetar, salvo que las voces no ayudan a captar la atención. Es obvio que no se trata de hablantes nativos del inglés, lo que permite que roles como el de Watanabe resulten más creíbles al ser más comprensibles en su intención vocal. Un fallo que debió tenerse en cuenta pues no todo puede ser vestimenta y expresiones cuando hay tanto diálogo. Otra posible causa de que la cinta no termine de atrapar, a mi juicio, es que más allá del vestido, de la magia que rodea a la exótica presencia y simbolismo de una geisha, y más allá de una historia de drama y amor digno de una novela entera, se parte de una premisa preciosista para justificar un hecho innegable de discriminación sexual, donde la mujer es relegada al puesto de proveedor de arte y entretenimiento. Da lo mismo que geisha no quiera decir prostitución, cuando el peso narrativo de buena parte de la trama tiene que ver con la venta de la virginidad. Tradición o no, romántico o no, creo que no tengo los receptores correctos para conmoverme por más azúcar y fotografía que se añada a las bases. En lo destacable, y en lo que uno puede admirar si la historia no engancha o es creíble, queda la parte artística. Con los excesos visuales y parafernalia asociada a este tipo de producciones, l vestimenta y el diseño de arte es más que correcto. La música, sublime, es por mucho lo mejor de la cinta. El genio Williams tiene como músicos a Yo-Yo Ma y a Itzhak Perlman para los solos de cello y violín, con lo que no hay posibilidad alguna de fallo y el score es simplemente magnífico. Una cinta aceptable pero, al mismo tiempo, una de esas que deja con ganas de más, en un historia de amor que no atrapa como debería, y que no termina de cautivar del modo que la fotografía y el paisaje ameritaban... Barcelona, 20 Enero 2006
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Memorias de una Geisha
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