El Curioso Caso de Benjamin Button

- 04 feb 2009

Un hombre nace con el aspecto y los padecimientos de una persona vieja y conforme pasan los años va rejuveneciendo. La situación origina que en muchos sentidos su vida corra a la inversa, incluyendo la serie de encuentros y desencuentros con el amor y las consecuencias a veces felices y a veces trágicas de vivir a destiempo.

La vida según Quino
… Pienso que la forma en que la vida fluye está mal.
Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez.
Luego, vivir en un asilo de ancianos
hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.
Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años
hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.
Luego fiestas, parrandas, alcohol, diversión, amantes, novios, novias, todo,
hasta que estés listo para entrar a la secundaria…
Después pasas a la primaria y eres un niño
que se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo…
Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno,
y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio,
hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…
¡Eso sí es vida!

Me fue imposible no usar esta cita de Quino y es que es inevitable pensar en ella cuando uno ve El Curioso Caso de Benjamin Button, una cinta impecable que narra la vida de un hombre que nace con todos los síntomas de la vejez y conforme va creciendo, rejuvenece hasta volver a ser un niño.

La premisa es un trozo puro de fantasía y una reflexión sobre el sentido de nuestras vidas… y creánme, dicha reflexión es tan sólo antesala de las muchas que contiene este filme de trece nominaciones al Oscar. Imposible verlo y no pensar en el significado de cada uno de nuestros actos, de la inexistencia de las coincidencias, de la dirección de nuestra vida, de las oportunidades perdidas y aquello que estamos destinados a encontrar, nuestro matrimonio, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra inocencia, nuestro amor.

Benjamin Button es interpretado por Brad Pitt en un rol que tal vez sea calificado como el más demandante de su carrera, no sólo por la intensa y perfecta labor de maquillaje a la que debió ser sometido antes de cada escena, sino porque tuvo que interpretar a un hombre en todos los estadios de su vida; y más que eso, hacerlo en retrospectiva; es decir, ser inocente cuando viejo y profusamente sabio en la juventud. Descartando dos o tres escenas en las que la fotografía persigue un claro objetivo de lucir al galán de Hollywood, el resto del performance es impresionante y bien le vale su nominación, incluso el Oscar si Sean Penn no decide otra cosa con Milk.

En el lado opuesto, en el protagónico femenino, tenemos a Cate Blanchett en el rol de Daisy, quien mantiene una cronología humana tradicional y por tanto corre en sentido inverso a la de Benjamin. El filme se centra básicamente en la relación de estos dos seres y su inminente cruce exactamente a la mitad, momento en el que pueden compartir un espacio mutuo, un oasis en un paradójico reloj, un coto temporal condenado al desvanecimiento, pues a diferencia de una pareja tradicional, sus vidas no son convergentes, ni siquiera paralelas, sino inevitablemente divergentes. Una historia humana cosida a un derecho y un revés e hilvanada con delicado hilo que engarza la sonrisa con la tragedia y la nostalgia con la esperanza.

Si la cinta, por momentos recuerda a Forrest Gump, es porque el guionista es el mismo, Eric Roth, y por supuesto, este extraordinario trabajo, basado en la historia de F. Scott Fitzgerald, también es candidato a la estatuilla. En este contexto, hay en la película, una secuencia impresionante, dramática y bella, que explica las coincidencias de este mundo, si es que lo son y no hay un destino ya predefinido; y para concluir este rubro, dos de las muchas frases poéticas que contiene la cinta: “I was thinking how nothing lasts, and what a shame that is” y “Your life is defined by its opportunities… even the ones you miss.”

David Fincher, director, logra un trabajo de manufactura impecable, una precisa pieza de relojería en todos sentidos; no obstante, quince o veinte minutos menos le hubieran caído muy bien a esta cinta cuyo tiempo nada a contracorriente. Tal vez aquí radique su más grande debilidad para los Oscares, en que si bien lo tiene todo… irónicamente, le viene sobrando un poco.

De cualquier forma es una obra imposible de perderse, una oda al sabor de la vida, a lo que hemos dejado en el camino, al coraje de renacer y sobre todo, a aceptar que nuestra existencia no está hecha de segundos o minutos, sino de instantes que atesoramos en el diario de nuestro corazón.

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3 comentarios para “El Curioso Caso de Benjamin Button”

  1. MammaMorton

    17. feb, 2009

    Ya hacía mucho que echaba de menos las reseñas de Luis. Me alegro que la normalidad haya vuelto. =)

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  2. manuel

    30. mar, 2009

    Felicidades en realidad una de las mejores paginas de reseñas de peliculas que bien que regresaron

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