Cisne Negro

- 06 Feb 2011

Cuando una compañía de ballet anuncia una nueva puesta en escena de El Lago de los Cisnes, Nina, una de sus bailarinas, debe hacer todo por conseguir y brillar en el papel, aún cuando eso involucre dejar de ser ella misma, un cisne blanco, para transformarse en algo tenebroso pero seductor, el cisne negro.

Todos tenemos nuestros lados oscuros, aún los puros, aún los níveos… aún los cisnes blancos que con la presión adecuada, pueden convertirse en oscuras y peligrosas creaturas. Así es el Cisne Negro que Darren Aronofsky nos regala.

Dramática y horrenda desde la médula a las plumas, la cinta es una apasionada obra maestra soportada casi enteramente por la hermosa Natalie Portman que desciende por una espiral para convertirse, de un personaje virginal y cándido, hasta un oscuro ente capaz de los más tenebrosos horrores.

Nina (Natalie Portman) es una talentosa e inocente bailarina de una compañía de ballet de Nueva York. Cuando su director, Thomas (un empoderado Vincent Cassel bien asentado en el rol), anuncia que la temporada abrirá con una nueva versión de El Lago de los Cisnes, la presión cae sobre Nina, quien anhela por sobre todas las cosas, ser el cisne blanco, el protagónico de la obra. Thomas no tiene duda alguna de que la bella danzante pueda con el casto personaje, sin embargo no cree que pueda interpretar la contraparte, el seductor y malvado cisne negro, y esto es fundamental para el éxito de la obra.

La historia de El Lago de los Cisnes es una fusión perfecta de amor y magia, soportada en el fondo por la lucha entre el bien y del mal. En ella, un príncipe se enamora de una joven convertida en cisne por un hechizo. Justo cuando él piensa desposarla, aparece un cisne negro, que es en realidad la hija de un brujo que a través de encantos logra que el príncipe cambie de opinión y decida con ello variar las razones de su afecto. Es la lucha del amor, la verdad y la pureza, simbolizados en el cisne blanco, contra la mentira, el engaño y la traición, esbozados en el cisne negro.

Con este marco, Nina, además de la presión del protagónico, debe enfrentar la de vivir con su posesiva y frustrada madre, quien en su juventud también fue bailarina y tuvo que dejar su carrera a causa de su embarazo. La relación entre ellas en enfermiza, el amor ha rebasado los límites incluso del proteccionismo, volviéndose una prisión.

Por otro lado, para aumentar aún más la tensión, está Lily (Mila Kunis), otra bailarina de la compañía, quien aunque aunque carece del talento y la disciplina de Nina, tiene todo lo que a ésta le falta, relajamiento, seducción, sexualidad… volviéndose con ello un perfecto complemento para Nina pero también una peligrosa rival.

Finalmente está Beth (Winona Ryder), la ex-estrella del cuerpo de ballet y a quien Nina ha sustituído, sintiéndose con ello, profundamente culpable.

Todas estas situaciones caen sobre la joven bailarina quien no puede manejarlas, convirtiéndose de a poco, en algo o alguien imposible de reconocer, incluso por ella misma. Darren Aronofsky, quien ya había experimentado este viaje al interior con su reciente cinta The Wrestler, vuelve a retomar el camino y esta vez lo ejerce con mayor autoridad y dramatismo, entremezclando la fantasía, el miedo, lo onírico y la demencia.

¿Qué estamos viendo? ¿Es realidad? ¿Es el pensamiento de Nina? ¿Es el de alguien más? No lo sabemos, y es precísamente sobre esta duda, que gira todo en la cinta. Un recorrido trepidante en búsqueda de la perfección resbalando por la senda de la autodestrucción, una historia que se bambolea entre el drama, el horror y el suspenso, un acertijo que sólo será descifrado hasta el climax… o nunca.

Si bien la dirección de Darren Aronofsky es magistral, no cabe duda que el soporte de esta película es completamente Natalie Portman, seguramente la actriz joven más talentosa que hoy tiene Hollywood. Con un dominio impecable de su rol… o debiera decir, de sus roles… logra transmitirnos ese desdoblamiento a través del cual el blanco se torna negro; la inocencia, seducción; la castidad, sexualidad; y la magia, oscuridad. Un rol brillante y sin duda alguna, merecedor del Oscar.

Finalmente, la estética de la obra es también una maravilla, forma obedeciendo al fondo, resaltándonos a través de reflejos, texturas y juegos de luz, una historia hechizante. En este marco, con toda justicia, su fotografía y edición están también nominadas al premio de la Academia.

Cisne Negro es sin duda una de las mejores películas del año, quizás incluso la más intensa de ellas; un logro titánico e íntimo que nos hace reflexionar sobre la naturaleza humana, que debe resistir las circunstancias o quebrarse ante ellas. En lo personal, no pude dejar de pensar en Nadia Comăneci y en otros tantos casos del deporte y las artes que sólo cuando soportaron las condiciones más extremas, lograron brillar en el escenario.

Indudablemente, al día de hoy, la mejor cinta de Natalie Portman. Imperdible.

Categorías: Críticas, Imperdonables

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Un comentario para “Cisne Negro”

  1. Martina

    09. Jul, 2011

    Q bueno que esta no la pude ir a ber al cine pero si vi otras peliculas de cuando ella era chica entonces es una experiencia conocer mas de su historia.
    Martina

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